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10 de junio de 2011

avistamientos 1.

entonces, te cuento que la vi otra vez. Afortunadamente ella estaba en una banqueta y yo en otra. Iba acompañada de un perrito bien arreglado, que no traía correa así que asumí que era suyo. En eso estaba cuando la miré a la cara y, como una acción refleja, me volteé en cuanto noté que nuestras miradas se estaban cruzando y permanecían así durante más de dos segundos, que se me hicieron eternos. Traté de volver a voltear para sonreírle amistosamente pero ya era demasiado tarde. Siguió caminando y entonces pude notar que adelantaba al perrito (o perrita), que se iba quedando cada vez más atrás y la seguía con la lengua de fuera, igual de alegre que cuando pensé que le pertenecía. Tal vez el perrito no era suyo y a mí sólo me dio esa impresión.

tal vez era un perro callejero. O tal vez no, porque estaba demasiado bien arreglado y cuidado como para ser un perrito callejero; su pelo se notaba suave y hasta brillaba. Tal vez algún día le pregunte si tiene un perrito para así lograr salir de dudas.